FELISBERTO HERNANDEZ EL CABALLO PERDIDO PDF

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Author:Vojinn Mishakar
Country:Reunion
Language:English (Spanish)
Genre:Medical
Published (Last):21 March 2007
Pages:150
PDF File Size:13.99 Mb
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ISBN:705-9-13316-644-3
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Gozaba tanto al repasarla que si la gente lo hubiera sabido me hubiera odiado. Tal vez no me quedara mucho tiempo de felicidad. Me costaba renovar a cada instante cierta fuerza grosera necesaria para insistir ante comerciantes siempre apurados.

No tuve carta ni telegrama. Yo dije: -Voy a esperar. Yo soy una persona en la que usted puede confiar… Transcurrieron unos instantes. Al mismo tiempo dije: -Es necesario que piense un poco. Pero igual le agradezco el consuelo. Y me fui sin mirarla. Me parece que lo vi en otra parte y que usted estaba agitado.

Me rodeaban mujeres conversando alto. Entonces yo le dije al gerente. Tal vez todos estuvieron desilusionados. Usted mismo no sabe que tiene una pena.

Hubiera querido estar solo, en mi pieza, oyendo la lluvia y pensando que el agua me separaba de todo el mundo. Con una mano me tapaba los ojos y con la otra tanteaba el piano y trataba de salir del escenario. No recuerdo las otras preguntas. Frente a la cortina y al otro extremo de la sala estaba el piano. Yo puse las manos en el piano y ellos se fueron. Se hizo un silencio de disgusto. Estaba callado, pensaba en la muchacha de la media y me trastornaba el recuerdo de sus manos apuradas.

Yo la miraba como a una hermana de quien ignoraba su desgracia. Quise levantarme y lavarme los ojos; pero tuve miedo que la cara se pusiera a llorar de nuevo.

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El Caballo Perdido

El caballo perdido, F. Las primeras ediciones de sus cuentos —Libro sin tapas, Por los tiempos de Clemente Colling…- no superan los doscientos ejemplares. Rivera, Zum Felde, Negritas nuestras. Calvino, Todorov,

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Felisberto Hernandez El Caballo Perdido

Gozaba tanto al repasarla que si la gente lo hubiera sabido me hubiera odiado. Tal vez no me quedara mucho tiempo de felicidad. Me costaba renovar a cada instante cierta fuerza grosera necesaria para insistir ante comerciantes siempre apurados. No tuve carta ni telegrama. Yo dije: -Voy a esperar. Yo soy una persona en la que usted puede confiar… Transcurrieron unos instantes. Al mismo tiempo dije: -Es necesario que piense un poco.

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