ARCHIPIELAGO GULAG PDF

Structure[ edit ] Structurally, the text comprises seven sections divided in most printed editions into three volumes: parts 1—2, parts 3—4, and parts 5—7. At one level, the Gulag Archipelago traces the history of the system of forced labor camps that existed in the Soviet Union from to Solzhenitsyn begins with V. Note 1 The book then describes and discusses the waves of purges and the assembling of show trials in the context of the development of the greater Gulag system; Solzhenitsyn gives particular attention to its purposive legal and bureaucratic development.

Author:Dugami Mooguzahn
Country:Papua New Guinea
Language:English (Spanish)
Genre:Career
Published (Last):6 February 2013
Pages:497
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ISBN:739-7-89121-778-3
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Pero de quin era la culpa? De quin? De aquellas mu- jeres? O nuestra, de todos nosotros, mis compatriotas y con- temporneos? Cmo debamos de ser nosotros para que nues- tras mujeres se echaran a los brazos de los ocupantes?

No ser una de las innumerables facturas que pagamos y continuaremos pagando por nuestro camino comunista, adoptado precipitada- mente, recorrido caticamente, sin reparar en prdidas, sin mi- rar hacia el futuro?

Quiz proceda someter a todas esas mujeres a la reproba- cin moral pero despus de haber escuchado tambin lo que ellas tenan que decir , quiz proceda ridiculizarlas mordazmen- te, pero mandarlas por ello a presidio? Al matadero polar? Pero fue Stalin el que las mand all!

Y Beria! Ah, no, disculpen! Los que all las mandaron, encerraron y remataron, forman ahora parte de los consejos pblicos de ju- biladosa y vigilan que continuemos dando muestras de morali- dad. Y todos nosotros? Nosotros escuchamos lo de yacijas alemanas y asentimos comprensivos con la cabeza.

Considerar culpables a esas mujeres es hoy, todava, mucho ms peligroso para nosotros que el hecho mismo de que hubieran estado pre- sas en su da. Est bien, pero a los hombres, a ellos s que se les encerr con razn, no?! Son traidores de la Patria,b traidores sociales. Tambin aqu podramos escabullirnos. Podramos recordar y sera la verdad que los principales criminales, naturalmente, no esperaron sentados la llegada de nuestros tribunales y de nuestras horcas.

Se apresuraron a huir a Occidente como pu- dieron, y muchos consiguieron marcharse. De manera que nuestras instrucciones de sumario punitivas llegaron a las cifras requeridas a costa de los corderos en ello las denuncias de los vecinos fueron de gran ayuda : en casa de ste, a saber por qu, se haban instalado unos alemanes, a qu vena ese afecto? Ahora todo es normal. Pero ya que hemos empezado, continuemos. Y los maestros de escuela? Esos maestros a los que nuestro ejrcito, en su pnica retirada, abandon con sus escuelas y sus alumnos, a unos por un ao, a otros por dos o por tres.

Dado que los intendentes eran tontos y los generales malos, qu de- ban hacer ahora los maestros? Ensear o no ensear a sus ni- os? Y qu deban hacer los chiquillos, no los que ya tenan quince aos y podan ganar algn dinero o unirse a los partisa- nos, sino los ms pequeos? Deban estudiar o vivir como bo- rricos dos o tres aos para redimir los errores del Comandante supremo?

Semejante cuestin, no se sabe por qu, no se plante ni en Dinamarca, ni en Noruega, ni en Blgica, ni en Francia. En es- tos pases no consideraron que, despus de que la insensatez de sus gobernantes o la fuerza aplastante de las circunstancias les llevaran a entregarse sin dificultad al poder alemn, el pueblo debiera dejar de vivir. En estos pases las escuelas, los ferroca- rriles y las administraciones locales siguieron funcionando.

Pero alguien naturalmente, ellos! Porque aqu los maestros de escuela reciban cartas annimas de los partisanos: No te atrevas a dar clase! Pagars por ello!. Hasta trabajar en el ferrocarril se con- virti en un acto de colaboracin con el enemigo. Y hacerlo en la administracin local, eso ya era una traicin inaudita. Todo el mundo sabe que un nio que haya abandonado por las buenas los estudios puede que no vuelva a ellos.

As pues, si el Genial Estratega de todos los tiempos y de todos los pueblos la haba pifiado, qu deba hacer la hierba entretanto: crecer o secarse? Qu haba que hacer entretanto: ensear o no ensear a los nios?

Habr que sacar de las escuelas los retratos con bigotazosa y, quizs, introducir los re- tratos con bigotito. Pero tngase en cuenta que tambin antes se pronunciaban discursos ensalzando la maravillosa vida, y tambin era mala.

Es decir, anteriormente la hipocresa y la mentira con los nios debieron de ser mucho mayores, pues se dispona de tiempo para consolidar la falsedad e infiltrarla en los programas escrupulosamente elaborados por metodlogos e inspectores.

En cada leccin, viniera o no a cuento, se estudiara la estructura de los gusanos o las conjunciones de las oraciones subordinadas, era obligatorio cocear a Dios aunque t mismo creyeras en l ; no se deba perder ocasin de alabar nuestra ilimitada libertad aunque no hubieras podido dormir esperando a que llamaran a tu puerta durante la noche ; al leer en voz alta a Turgunev,d o al desplazar el puntero a lo largo del curso del Dniper, haba que maldecir necesariamente la miseria del pasado y glorificar la actual abundancia cuando ante tus propios ojos y ante los de los nios, desde mucho antes ya de la guerra, moran pueblos enteros y la cartilla de racionamiento infantil daba derecho, en las ciudades, a recibir trescientos gramos de pan.

Y nada de todo eso se consideraba un crimen, ni contra la verdad, ni contra el alma infantil, ni contra el Espritu Santo. Ahora, en cambio, bajo el provisional e inestable rgimen de los ocupantes, haba que mentir muchsimo menos, aunque en otro sentido.

En otro sentido, en otro sentido! Y por esa razn la voz de la patria y el lpiz del co- mit local clandestinoe prohiban la lengua materna, la geogra- a La alusin se refiere a Stalin.

Veinte aos de presi- dio para el que hiciera semejante trabajo! Compatriotas, asentid con la cabeza! Mirad cmo los con- ducen vigilados por los perros al barracn de la cubeta. Ape- dreadlos: ensearon a vuestros hijos. Pero mis compatriotas especialmente los jubilados del MVD y del KGB, esas moles retiradas a los cuarenta y cinco aos se me acercan puos en alto: a quin estoy defendiendo? A los starosty? A los Polizei? A los in- trpretes?

A toda esa gentuza y escoria? Est bien, profundicemos, profundicemos ms. Demasiada lea hemos amontonado por considerar a las personas como palitos. De todos modos, el futuro nos obligar a reflexionar un poco sobre los motivos. Tocaron y cantaron el Que una noble furia Nuestro patrio- tismo innato prohibido, ridiculizado, perseguido y maldecido fue de pronto autorizado, alentado, e incluso proclamado santo.

Cmo no bamos a renacer todos nosotros, los rusos? Cmo no habamos de unir nuestros corazones, emocionados de agra- decimiento? Cmo no habamos de perdonar con toda la ge- nerosidad de nuestra naturaleza a nuestros verdugos habituales ante la llegada de verdugos forneos?

Para mostrar luego, en cambio, reprimiendo vagas dudas y nuestra prematura generosi- dad, an ms unanimidad y ms furia al maldecir a los traidores, a esos rencorosos manifiestamente peores que nosotros?

Hace siglos que Rusia existe, muchos son los enemigos que ha conocido y muchas las guerras que ha sostenido. Pero ha habido muchos traidores en Rusia?

Han salido en tropel los traidores de su seno? Parece que no. Tampoco parece que los enemigos acusaran al carcter ruso de traidor, de chaquete- ro, de infiel. Y todo eso bajo un rgimen hostil al pueblo traba- jador. Alexndrov, compuesta durante las primeras se- manas de la guerra.

De dnde salieron? Por qu? Se haba vuelto a avivar, quiz, la llama de la guerra civil, nunca apagada del todo? Seran los blancosa que no remata- mos? Ya hemos mencionado antes que muchos emigrados blancos entre ellos el ms que maldito Denikin b se pusieron del lado de la Rusia sovitica y contra Hitler. Tenan libertad de eleccin y eligieron esto.

Y entre ellos se contaban no pocos jvenes que tambin haban crecido des- pus de Octubre. Qu les oblig a hacerlo? Quines eran? Eran, ante todo, los que haban visto pasar las orugas de los carros blindados de los aos veinte y treinta sobre sus familias y sobre ellos mismos. Los que haban perdido a sus padres, parien- tes y seres queridos en las turbias riadas de nuestras canalizacio- nes. O los que estuvieron ellos mismos, una y otra vez, hundin- dose y emergiendo en campos y confinamientos.

Aquellos cuyas piernas se haban helado y entumecido haciendo cola ante las ventanillas de entrega de paquetes. Y aquellos a quienes durante esas crueles dcadas se les haba hecho trizas y despedazado el acceso a lo ms querido sobre la tierra: la tierra misma, prometi- da, dicho sea de paso, por el Gran Decretoc y por la que, entre otras cosas, haba sido preciso derramar sangre durante la guerra civil.

Otra cosa muy distinta eran los mayorazgos y las dachasd de los oficiales del Ejrcito Sovitico, y las haciendas valladas en los alrededores de Mosc: esto es para nosotros, est permitido. Ade- ms de aquellos a los que se apres por esquilar las espigas. O del derecho a ejercer su antiguo y querido oficio destruimos con fanatismo todos los oficios, pero eso ya es cosa olvidada. De todos sos dicen ahora y especialmente los propagan- distas, y ms an los octubristas-napostovistas a con una mueca de desdn: los agraviados por el poder sovitico, los ex represa- liados, los hijos de kulaks, los que guardan un oscuro rencor contra el rgimen sovitico.

Uno lo dice, y el otro asiente con la cabeza. Como si acaba- ra de entender algo. Como si el poder popular tuviera derecho a agraviar a sus ciudadanos. Como si en ello residiese el vicio ori- ginario, la llaga principal: los ofendidos Y no hay nadie que grite: Permitidme un momento! Mal rayo os parta! No decs que la existencia al fin y al cabo de- termina la conciencia? O slo la determina cuan- do os conviene?

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Archipielago Gulag III, Fragmento. PDF

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